Los que me conocen saben que no tengo problemas de insomnio. Los que me conocen aun más, seguramente habrán escuhado la historia que dice que alguna vez mi mamá me dejó cuidando a mi hermano porque estaba enfermo, y que no escuché cuando él me dijo que se sentía mal porque dormía plácidamente. Acerca de esa historia, voy a guardarme los comentarios y sólo decir que hace año y medio pude resarcir mi falta de ¿responsabilidad? y convertirme en una buena hermana nuevamente. Pero en fin, el hecho es que puedo dormir sin problemas, y mucho.
Hace un par de semanas me descubrí dando vueltas en la cama a las 4 de la mañana. Es verdad, era lunes y había estado entrenando, y siempre que entreno me cuesta dormir. Pero a eso de la 1 mi cerebro se desenchufa por completo hasta la mañana siguiente. Algo estaba pasando.
La siguientes noches no tuve problema alguno, hasta que llegó el lunes otra vez. Dos de la mañana y seguía despierta. Apenas llegaba a ese estado en el que uno sueña medio despierto y cualquier ruido me despertaba y mantenía alerta por media hora más. A eso de las 3.30 pude entender parte de lo que pasaba.
Pero para contarles, primero tienen que conocer algunos aspectos sobre la ubicación de mi casa y las costumbres holandesas. Hace algunas semanas les conté dónde quedaba mi departamento. Esta es la esquina.

De día no dice mucho, mas que se trata de una casa medio vieja y que se parece bastante a todas las demás casa en Groningen. Pero de noche es diferente. La calle que rodea uno de los lados de mi casa, Vishoek, es una de las más conocidas de Groningen. ¿Por qué? Bueno, simplemente porque allí termina/empieza una de las calles donde se ejerce la profesión más antigua del mundo. El "Barrio rojo", "Red light district" o "Rossebuurt" en Groningen consiste de dos calles: Muurstraat y Nieuwstad, una en el norte y otra en el sur de la ciudad. Si existen diferencias a nivel sociocultural de sus visitantes no lo sé, aunque sería interesante averiguar si hay algún tipo de rivalidad al mejor estilo Palermo / Constitución considerando que sólo las separan diez cuadras.
Lo particular de vivir en esta esquina es que no importa el momento del día, siempre hay gente. Y como vivo en planta baja, por lo general escucho todo lo que la gente dice. De noche, me acostumbré a las voces y gritos medio ebrios de quienes pasan en bicicleta y logré que se convirtieran en mi canción de cuna. A veces me encanta correr sorpresivamente la cortina y verle la cara de susto a los pibes (generalmente adolescentes) que se sientan al pie de mi ventana a charlar. Alguna que otra vez sueño que entiendo lo que dicen, me despierto y me vuelvo a dormir contenta de que las horas que le dedico al holandés den resultado.
Pero los lunes el panorama cambia. Por la calle no pasa un alma, nadie se sienta al pie de mi ventana a charlar, no hay ruido, ni voces, ni gritos. ¿Es que los asiduos clientes ya no tienen más plata el lunes por la noche? ¿O ese día las prostitutas no trabajan? Todavía no sé si fue mera casualidad, pero de ser así ya encontré una solución: hace dos lunes que duermo con la tele prendida. ¿Podré dormir mañana?
