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martes, 9 de febrero de 2010

Muchos pinos, varios libros, pero sin hijos

El otro día leí que en Finlandia se están preparando para las consecuencias del envejecimiento demográfico que está enfrentando el país. Es verdad, en un mes viviendo acá, sólo vi a una mujer embarazada, y al menos en Joensuu, gran parte de los jóvenes son de países extranjeros.

Creo que el frío y la lengua (finesa) tienen algo que ver en el hecho de que en todo el país sólo vivan seis millones de habitantes. ¿Por qué? Primero porque ponerle algo de onda al acto reproductivo no aplica en los países nórdicos. ¡Hacer un strip-tease llevaría horas! 

Los accidentes tampoco ocurren, porque las mujeres sí toman la pastilla, ¡contar los días lleva añares! Una de las conclusiones que saqué durante mis clases de finés es que cuanto más alto es el número, más largo. Así, uno es "yksi", cinco es "viisi", doce es "kaksitoista" y veintiocho... ¡"kaksikymentääkahdeksan"! (Mi regla en finés es "si el precio es largo no lo compres").

Por otro lado, nuestra profesora de finés nos dijo que los fineses no aman, ni odian y por eso apenas si usan esas palabras. Las cosas sólo les gustan o no, y hasta te lo dicen con cara de asquito. En un mundo globalizado, donde los canales de cable pasan las telenovelas latinomaericanas más melosas, eso puede resultar poco atractivo. 

El chamuyo tampoco tiene lugar en Finlandia. Cuando preguntás "Mita kuuluu?" (¿Cómo estás?), no hay que contestar "bien" o "mal", sino "Ei erikoista" (Nada especial), y se acabó la conversación. Preguntar por el estudio, el horóscopo, el barrio donde vivís, tu música y películas preferidas y llegar a invitar a alguien al cine quedan descartados para siempre, alterando indefectiblente la cadena reproductiva.