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lunes, 30 de noviembre de 2009

Después de casi tres semanas de lluvia...

... ¡vuelvo a ver el sol!

martes, 10 de noviembre de 2009

Metamorfosis

Hoy salí a correr sin que me importara un pepino que estuviera lloviendo. La lluvia finita, esa que te moja y no te moja, ya es parte de mi rutina diaria. Pero ya no me siento mal si salí sin piloto o me olvidé de poner el paraguas en la mochila. Me falta andar en bicicleta con micromini y leggings con 0°C y soy una holandesa cualquiera.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Un día de furia

Hoy comprobé que en Europa también se puede tener un pésimo día. Como suele suceder en estos casos, uno sólo descubre que se trata de uno de esos días cuando ya está en medio del baile y no puede más que bailar.

Todo empezó ayer a la noche mientras escribía el informe sobre mi proyecto de adscripción (Maxi, Virgi, ¡prometo que ya lo entrego!). Gradualmente y sin darme cuenta la pantalla de mi computadora empezó a titilar. "Un virus", pensé. Actualicé mi antivirus y nada. La hermosa imagen de Algeria que tengo en el escritorio de mi computadora de repente desapa-reció. "Demasiado para un martes a las 12.30 AM. Me voy a dormir." Descansé con la tranquilidad de haber hecho un backup de mis archivos la semana anterior, pero me levanté temprano para ver qué podía hacer.

Hoy a la mañana prendí la computadora y encontré igual panorama. A los quince minutos la pantalla se apagó. "¡La batería!", se me ocurrió. Dicho y hecho. Saqué la batería, enchufé la computadora y funcionaba. Podía respirar tranquila. Buscando en Google acerca del posible problema vi un video explicativo que me ayudó a entender el problema. ¡Volví a poner la batería y funcionaba!

Problema resuelto. Pronto debía salir para la facu. Miré la hora y... "¿Dónde está mi reloj?" Lo busqué por todos lados pero inútilmente. "Se hace tarde; tengo que salir", me dije. Abrí la puerta y llovía. "¡Uf... Hace más de una semana que llueve en Groningen. ¿Algo más puede pasarme?" Sí. En mi apuro y pesadumbre por haber perdido el reloj que Stuart me había regalado para mi primer cumpleaños juntos, no me di cuenta de que mi bicicleta hacía un ruido extraño. Llegué a la facultad con un humor de perros y lo comprobé: otra vez se me había pinchado la rueda trasera.

Después de clase volví al negocio donde el viernes anterior me dijeron haber cambiado la llanta pinchada. Creo que el pobre chico que atendía me vio mi cara de "no me vas a hacer pagar por esto de nuevo", porque enseguida me dijo que no había problema, que la garantía lo cubría.

En cuanto al reloj, todavía no lo encontré, aunque Elena me contó que en Rusia existe una superstición que dice que cuando se pierde un reloj se encuentra la felicidad...