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martes, 12 de octubre de 2010

El Mate Viajero (X) - De chocotorta, fósiles y bici en el Mar Báltico

¿Que qué hay en el Mar Báltico? Miren las fotos y cultívense. Para mí fue un descubrimiento de lo más lindo, en un día de lo más especial y acompañada de gente a la que quiero y me quiere mucho. Mejor, imposible.

¿Que qué hicimos? Buscamos fósiles y ámbar (La más afortunada fue Tina que se trajo unos pedacitos de ámbar y de piedras fosilizadas hermosos), anduvimos en bici hasta que no nos pudimos sentar, comimos cosas ricas, paseamos, descansamos, y recompensamos nuestra ardua labor con unas ansiadas cervezas.

Chocotorta, regalos y llamadas no faltaron. Momentos especiales tampoco... ¡y sorpresas! Me siento muy afortunada de tener tanta gente linda a mi alrededor (no sólo físicamente, claro está). Gracias a Tina, Elena y Talí por hacer de éste un día único, y a los que me acompañaron a la distancia, con llamadas y mensajitos. ¡Los quiero mucho!

domingo, 1 de agosto de 2010

Efemérides

Un día como hoy hace un año comencé mis andanzas en la blogósfera, que sería algo así como la estratósfera de los blogs. Sí... siempre en el aire.

Ciento dos entradas y varios borradores más después quiero agradecer a los que me acompañaron y siguen acompañando, a los que dejan mensajes y los que me comentan con timidez que leyeron mis últimas entradas; a los que pasan de casualidad y se quedan, y a los que hacen una visita esporádica.

Desde Santander, brindo con caña y unos pintxos por este año, ¡salud!

lunes, 17 de mayo de 2010

El Inodoro Justiciero

Cuando cumplí diez años mi mamá me organizó un pijama party sorpresa y casi todas mis compañeras del cole se quedaron a dormir en casa. En esos tiempos, hacía sólo un par de años que nos habíamos mudado a Martín García, y mis papás habían decidido renovar un poco el departamento. Lo que más recuerdo de ese invierno son los interminables fines de semana en los que nuestros progenitores nos llevaban a ver grifería, azulejos y guardas para los nuevos baños, el sermón en el auto que empezaba con el ya sabido "¡No tengo que decirles que no pueden tocar nada!", y terminaba con la típica escena de mi hermano corriendo de bañera en bañera y mi mamá rezando para que no se cayera y rompiera algún diente (algo más que esperable considerando la torpeza de Martin).

Pero para octubre eso ya había terminado, y sólo quedaba lo peor: el arreglo de los baños. No recuerdo cuál de los dos fue primero, pero la noche de mi cumpleaños el baño chiquito (así le decimos al toilet) todavía tenía los azulejos color rojo sangre que databan de hacía más de cuarenta años. Los que conocieron el departamento en esa época probablemente no se hayan olvidado de esos azulejos, porque eran algo espeluznante para un baño tan pequeño, pero a la vez el color tenía algo que causaba fascinación a quienes lo veían.

Esa noche, mis amigas y yo quedamos con- finadas al sec- tor del come- dor para no despertar a mis papás  y herma- nos que dor- mían del otro lado del depar- tamento; y el baño chiquito pasó a ser nuestro baño. No recuerdo bien a qué hora nos dormimos, pero sí que charlamos mucho, hicimos que Magdalena nos demostrara sus dotes como cantante y que contamos absurdas historias de terror. Creo que fue después de una de esas historias que asustamos a Magdalena (aunque por favor, corríjanme quienes etsuvieron ahí). Un ruido la alertó y cargada va, cargada viene, la convencimos de que el ruido provenía del baño, cuyo color representaba el color del infierno y la sangre, y que quien hacía ruido era el Inodoro Justiciero, que volvía para vengarse de sus anteriores dueños. Después de eso, Magdalena se aguantó toda la noche para no ir al baño.

Ayer me acordaba de todo esto mientras esperaba a Daniel, el dueño del departamento que alquilo en Potsdam. ¿El motivo? Hace tres días que mi inodoro enloqueció. Y no lo digo vanamente, creo que si fuera un inodoro normal podría haberme aventurado a adivinar qué le pasaba, pero como no lo es, no me quedó más opción que esperar a que el dueño de casa llegara de sus vacaciones cerca de la frontera checa.

Algunos ya saben de las particularidades de mi nuevo hogar, pero para los que no, paso a explicar:  el departamento donde vivo formaba parte de un piso más grande, ahora dividido entre mi vecino, el lavadero y yo. Una vez hecha la división, los dueños se avivaron de que para ir al baño había que salir del departamento y atravesar el lavadero (tremendo esfuerzo cuando te agarran ganas en medio de la noche), así que decidieron construir un toilet y una ducha... en medio de la cocina.  Pero claro, el edificio es viejo, y la cocina no estaba preparada para tanto cambio de tubería. Entre eso y la obsesiva cuestión europea del ahorro de recursos, el resultado fue la instalación de un inodoro eléctrico. Sí, ¡el inodoro tiene enchufe y la ducha tiene botones para drenar el agua! 

La cuestión es que todo está conectado: el inodoro, la ducha y la pileta de la cocina; y todo el agua y lo que por ahí pase va a una cajita que tiene una suerte de trituradora adentro, que hace que los desechos se hagan chiquititos y las cañerías no se tapen.  Una de las cosas que Daniel me advirtió el primer día fue "No tires nada que no sea orgánico o papel, porque si se tapa es un desastre." Y desde ese día cuido a mi inodoro casi como a mi computadora. No sólo porque no quiero tener problemas con el dueño, sino porque me imagino lo asqueroso que sería si algo así ocurriera en medio de la cocina. Las visitas, una vez que el inodoro extraño ya no es novel, son dirigidas al baño de afuera. Por suerte, la vergüenza de que los escuche mientras estoy en la cocina también ayuda a asegurarme de que no lo usen. 

Por eso, no dejé de sentirme traicionada cuando el sábado, mientras leía en el living, empecé a escuchar los ruidos que provenían de la cocina. ¡El inodoro estaba poseído! La trituradora empezó a funcionar como loca, el agua iba y venía y los pisos temblaban. "Que no se haya tapado, que no se haya tapado", recé. Abrí la ducha, nada tapado; la canilla, lo mismo. Tiré la cadena, un ruido insoportable hizo temblar todo; empecé a seguir con la vista el agua mientras pasaba por el caño que conducía al techo, y luego a la otra habitación, y luego al lavadero. El agua subía y volvía a caer, y la trituradora empezaba de nuevo. Y cuando creí que todo iba a explotar... lo desenchufé. ¡Ahhhh! El silencio. Alivio.  

Durante un día estuve esperando a que Daniel diera señales de vida. Y mientras tanto tuve pánico cada vez que tuve que usar la canilla o la ducha, porque para eso debía enchufar el inodoro, que estaba decidido a vengarse de las cagadas que alguien se había mandado.

Cuando Daniel llegó, lo revisó y dio su veredicto: "Le falta una pieza a uno de los caños. Es la que hace que el agua suba, porque los caños están muy altos. Voy a tener que pedirla por internet; va a tardar unos días." 

Hoy le explicaba a Tina el final de la historia (porque ella se bancó mi día de espera y mi incertidumbre) y me dijo: "¡Ah! Es como las válvulas de las venas." Pensándolo así, creo que sí: mi inodoro tiene várices.

jueves, 15 de octubre de 2009

Wait a minute Mr. Postman!

Cuando llegué a casa ayer por la mañana encontré una nota que decía:

"Geachte mevrouw/ heer Gattei:

Vandaag hebben wij geprobeerd een zendig bij u af te leveren/op te halen.
De zendig wordt de eerstvolgende dag (uitgezonderd zon- en feestdagen)
opnieuw op uw adres aangeboden tussen: 12.00 - 18.00."

Traducido al criollo, decía algo así como que tenían correo para mí y que pasarían el primer día habil de 12 a 18.

Hoy a las 12.05 tocaron
el timbre: Mi regalo de cumpleaños; tarde, pero seguro. ¡Gracias ma, gracias pa!

Carito
Delegada Argentina en Holanda
DDLA
(Dulce De Lecheros Anónimos)

sábado, 10 de octubre de 2009

Gefeliciteerd!

Ayer me llegó el cuarto de siglo. Fue mi primer cumplea-ños con 6°C, y tam-bién el primero lejos de mi familia y amigos. Aunque se los extrañó muchísimo, pude pasarlo rodeada de buena gente que hizo que mi día fuera especial.

Tampoco faltaron sorpresas, y buena comida (¡las empanadas fueron un éxito!). Aunque este año me quedé sin el bizcochuelo de papá, Tina y Conny me hicieron una torta riquísima.

Mis regalos favoritos hasta el momento (¡¡que nadie se ofenda por el orden!!)

1. Una canasta de picnic (Regalo de S)
2. Un termo y Maté Thee (de Tina y Conny, unas genias)
3. Fotos exclusivas del vestido de casamiento de Julie (no se pongan celosas, Malalas)
4. Un libro titulado "Ik kan al lezen" ("Ya puedo leer") No se rían, ¡mi nivel de holandés es similar al de un niño de 6 años! (Regalo de Marloes y Leire)
5. Flores miles de todos los colores (de Funie, Sylvia y Charlie, y Tineke)

Desde hoy estoy más cerca de los 30 que de los 20 ¡zas!
Las fotos del evento acá
(For English speakers, pics here)