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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Para verte mejor...

Cómo darte cuenta de que tu vista de lince ya no es lo que era:
  • Te maravillás con la crema anti-arrugas que compraste porque cada vez tenés menos. Hasta que te ves de cerca en el espejo.
  • Pasás veinte segundos con el brazo estirado parando un 168 que resultó ser un 80.
  • Saludás impacientemente a tu amiga que está cruzando la avenida, y te avergonzás al darte cuenta de que saludaste a otra persona. 
Cómo darte cuenta de que la vista de lince de tu amiga está peor que la tuya.
  • Mientras vos saludás impacientemente, ella saluda a otra mujer... embarazada.   

-- Sí... Creo que es hora de  hacerme lentes nuevos.

jueves, 5 de julio de 2012

Un millón de amigos

Ser psicolingüista en país tercermundista me transformó en la persona más carismática del mundo. ¡Qué difícil conseguir sujetos pero cuántos amigos nuevos que tengo! Casi casi que le gano a Roberto Carlos...


viernes, 3 de diciembre de 2010

No es un momento triste ya que brindo con amigos!

De a poco mis aventuras por el primer mundo se están terminando, y como todo fin, no puede ser menos que espectacular. Mis últimos días en Potsdam fueron un poco caóticos pero como le digo a todo el mundo: "yo en mi desorden me entiendo" (Ya vendrán detalles de mi partida en la próxima entrada).

La despedida de mi gente fue de esas en las que los invitados no se quieren ir, así que vuelven al día siguiente para comer sobras y decirte una vez más que te van a extrañar, y que van ir a visi- tarte apenas puedan, a esas tierras lejanas donde una vive, y ya que están, te ayudan a limpiar y vaciar el departamento. La verdad es que fue perfecta y que daban pocas ganas de que se acabara, pero ya sé que pronto los volveré a ver (¿O se piensan que voy a quedarme quieta por mucho tiempo?).  

Algunas fotos y video de mi despedida multilingüe haciendo click acá.

martes, 20 de julio de 2010

¡Yo quiero tener un millón de libros!

Aunque acá tengo muchos amigos (de los reales, no sólo libros), hoy me siento un poco Miguelito.

¡Feliz día a todos los que me saludaron desde lejos!

¡Los quiero mucho!

viernes, 20 de noviembre de 2009

Costumbres argentinas

Ayer recibí un sobre de Finlandia. Como ya falta poco para nuestra mudanza, la gente de Joensuu consideró oportuno mandarnos algunos folletos explicativos acerca de las diferencias culturales que podíamos llegar a encontrar una vez llegados a territorio finés. Mientras leía uno, me acordé de mis últimos años como profe de español, y de algunas cosas que dicen los libros de español para extranjeros acerca de ciertas costumbres argentinas. Aunque algunas por lo general pasan inadvertidas, otras suelen causar reacciones tales como:
  • Saludar con un beso aunque no nos conozcamos  (¡Genial!, piensan muchos hombres, hasta que les toca saludar a otro hombre)
  • Cenar no antes de las 9 de la noche (¿Cómo? ¿Y no tienen hambre antes?)
  • Salir a las 2 de la mañana. (¿Y qué hacen hasta esa hora?)
  • Llegar a las 6 de la mañana y así y todo poder ir a trabajar. (¿Y cuándo duermen?)
  • Que vivamos con nuestros padres hasta... ¡que nos casemos! (Qué locura)
  • Estudiar de noche (¿Acaso son vampiros?)
  • Tomarnos nuestro tiempo para almorzar y no enojarnos porque el mozo tarda en venir ("¡En Argentina los mozos son vagos!" me han llegado a decir)
  • Compartir la bombilla del mate (Después se preguntan por qué tienen tantos casos de gripe)
Pensar en todo esto me hizo acordar lo mucho que extraño a mi gente. Es dicícil explicar cómo. Extraño los códigos comunes, juntarnos a "tomar unos mates" (aunque después no tomemos), comer en familia, hablar todos al mismo tiempo, gritarnos de una punta de la mesa a la otra. Extraño los monólogos de mi hermana menor, las cenas con las chicas, cantar canciones estúpidas hasta que nos duele la panza de reírnos; extraño el lunfardo, pedir empanadas por teléfono, levantarme un domingo a la una de la tarde para ir a lo de mi abuela a comer ravioles, salir a las 9 de la noche de la facultad y todavía tener ganas de ir a tomar algo y charlar por horas sin tener que poner subtítulos a todo lo que digo. Aunque sea un cliché eso de la "calidez" latina, creo que es una de las cosas que más extraño por estos lados.

 Si bien podría seguir por ho-ras con esta cantinela de porte-ña melan-cólica, sólo que-ría mos-trarles el dibujo de uno de los libros  que me llamó poderosamente la atención y que, espero, no sea fiel a la realidad que me espera. Considerando que esto también va dirigido a estudiantes europeos, me pregunto ¿acaso se puede ser todavía más inexpresivo?